miércoles, 19 de octubre de 2016

hacia nosotros

Frente a mí dos túneles. El primero hacia nosotros. El segundo hacia la soledad.

Todos me dirán, corre hacia nosotros, no seas una imbécil. Pero llevo demasiado tiempo haciéndolo y nosotros no es más que ese lugar hacia el que das un paso y ves moverse un metro hacia atrás.

Corro hacia nosotros y nosotros huye de mí, ha sido así desde el principio. Por eso miro a la soledad y pienso, tal vez ahí esté mi remedio, en su casa gris tal vez me esperen.
Pero pienso más aún: si no hay nosotros es que ya estoy en la soledad, no debo correr hacia el. Y entonces me hago una foto y es cierto, ya estoy clavada a la soledad, domiciliada en su calle, mi ropa es gris,  mi mochila es gris y el lunes, el martes, y el miércoles y la semana en que vivimos es gris como una infancia sin abrazos. Y la anterior también fue gris. Así que solo me queda una opción, no hago otra cosa cada día: me abrocho fuertes mis lonas negras y corro, corro, corro hacia nosotros

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y quema

 Así es. Todos los días, en la mañana, en la tarde, en la noche y hasta en el sueño. Así quema.